
La histeria, hoy conocida como trastorno de conversión, fue una enfermedad considerada desde antiguo como una enfermedad "de mujeres" (de hecho, "histeria" procede del griego "hystera" o útero) dado que se creía que el útero era un órgano móvil, que deambulaba por el cuerpo de la mujer, causando enfermedades a la víctima cuando llegaba al pecho. A este desplazamiento se le atribuían los trastornos sintomáticos, es decir, la sofocación o las convulsiones.
Galeno, importante médico del siglo II, escribió que la histeria era una enfermedad causada por la privación sexual en mujeres particularmente pasionales. La histeria se diagnosticó frecuentemente en vírgenes, monjas, viudas y en ocasiones mujeres casadas. La prescripción en la medicina medieval y renacentista era el coito si estaba casada, el matrimonio si estaba soltera y el masaje de una comadrona como último recurso. Éste último remedio era el que se aplicaba a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX bien en forma de masajes bien haciendo uso de consoladores de prescripción facultativa.
Freud teorizó sobre este trastorno de conversión concluyendo que provenía de una emoción interna de cólera, repugnancia o conflicto sin resolver. Aplicó la hipnosis así como otros métodos para remediar la enfermedad.
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