
El psicólogo Skinner ideó un plan para que las palomas mejoraran la precisión de las bombas gracias a su prodigiosa memoria visual. Sus estudios sobre el condicionamiento operante probaban que una paloma es capaz de memorizar miles de imágenes y que al serle presentada una larga serie de fotografías, se le podía enseñar a picotear un sector específico de cada una de ellas.
En 1940, Skinner se concentró en aprovechar este descubrimiento para mejorar la precisión de las bombas usadas por los aviones norteamericanos. Para probar su idea, construyó cámaras donde las palomas veían una fotografía aérea y se les premiaba por picotear dianas específicas.
El siguiente paso era colocar un ave en el extremo transparente de un artefacto explosivo. El animal vería el emplazamiento que le era familiar y comenzaría a "asestarle picotazos". El plan era traducir dichas señales, mediante el uso de la electrónica, a información espacial y controlar las aletas de la bomba hacia el objetivo.
Skinner pasó cinco años ensayando su sistema, pero no pudo convencer a los altos mandos militares para dar el siguiente paso. Para muchos era irracional confiar la dirección de un misil, un cohete o una bomba al pico de un ser irracional.
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